miércoles, 8 de mayo de 2013

Extraño

Andaba por las calles como si se tratase de un soleado día del mes de mayo; con el sol iluminando mi rostro mientras paseaba por un camino repleto de verdes árboles, aunque este no era el caso. La mejor luz, la proveniente de la luna y, además, llovía a cántaros. En lo único en lo que se parecía esa fresca noche a aquel idílico día primaveral era en que ambos pertenecían a la misma estación del año.

Ya llevaba bastante tiempo andando, no sabría decir exactamente cuánto, pero decidí sentarme en las escaleras de un soportal a esperar a que amainase un poco el temporal; aunque debo reconocer que adoraba la lluvia y que ya estaba calado hasta los huesos. Estando allí comencé a observar como cada gota se estrellaba contra el suelo haciendo ese ruido tan característico. En ese momento comenzó a llover con mayor intensidad, creando prácticamente una cortina blanquecina. Bajé la mirada y fijándome en un pequeño riachuelo que pasaba por la acera pegado a la pared, me dejé caer sobre mi hombro y apoyé mi cabeza sobre el frío ladrillo. Respiré hondo y me relajé.





Entonces, en esa inspiración, mi nariz captó un olor diferente mezclado en el húmedo ambiente. No era difícil reconocer, por ejemplo, el de la hierba mojada, pero descubrí un efluvio de algo que me sorprendió gratamente, con lo que hacía tiempo que no me deleitaba y que me extrañó percibir. Creo que subestimé a mi olfato, al parecer, más sensible de lo esperado. Me levanté casi intuitivamente, pasé de un salto los dos escalones que me separaban de la acera y me dirigí en la dirección de la que provenía el olor; para muchos nauseabundo, para mí delicioso.

En esos instantes, me sentí como un tiburón que podía oler una gota de sangre en el océano encontrándose a varios metros de distancia de ella. El paralelismo me pareció de lo más acertado, pues llovía a mares y no anduve mucho más de unos metros hasta doblar una esquina y dar con la procedencia de tan maravilloso aroma.

Me topé con una chica. No tendría más de veinte años. Estaba tirada en el suelo, bañada en sangre. Me agaché a su lado. Parecía tan dulce y frágil, de piel pálida con el pelo largo y negro. La sangre procedía de una herida en su cuello, no era excesivamente profunda. El contacto de mi mano con la sangre, con ella. Descubrí que estaba helada, prácticamente más fría que yo. Casi no tenía pulso.

Todo apuntaba a que había sido uno de los nuestros. Pero, ¿quién sería capaz de hacer una cosa así? Me sentí de nuevo atraído por el olor e intenté reprimir mis instintos hasta que finalmente no pude contenerme más. Una sensación de angustia me invadió el cuerpo y un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Nadie se enteraría, miré a izquierda y derecha. Estaba impaciente, no podía esperar más.

Al instante, me vi posando mis colmillos encima de la herida de su cuello. Rápidamente me aparté y me levanté de un salto. ¿Cómo podía haberme descontrolado de esa manera? Hacía mucho que no me sentía así. Yo había aprendido a controlar mis impulsos. Esto no era normal. Me apoyé contra la pared mientras observaba a la chica que tenía a mis pies.

Tenía que sacarla de allí, no podía dejarla tirada en el suelo de una calle cualquiera. Ella no tenía la culpa. Me agaché de nuevo junto a ella, la recogí con mis brazos y me la llevé corriendo. Más tarde me preocuparía del verdadero culpable.


"Vida en la muerte y muerte en la vida"

sábado, 4 de mayo de 2013

Vomitar

Lo único que me gusta vomitar son palabras. Una sensación que te impulsa. Estás lleno de ideas y solo deseas plasmarlas en papel. Necesitas escribir; tomar una hoja y un boli y, tan solo, escribir.




Pero, en este caso, la sensación es peculiar y más profunda, ya que no se tienen los mismos síntomas. Comienzas por sentir extrañeza, repulsión, aversión y una tenue presión en las sienes, mientras frunces ligeramente el ceño. Un pequeño nudo en la garganta, un gran agujero en el estómago.

Tensas todos tus músculos, encajas la mandíbula apretando los dientes, preparándote para ladrar. Achinas los ojos y tu mirada se vuelve dura y fría como el acero, y tan afilada como tu lengua o, por el momento, tus pensamientos. A veces, arrugas la nariz y abres las aletillas, como si de una especie de tic se tratase. Parece como si hubieses olido algo asqueroso y comienzas a tener nauseas. El dolor comienza a hacer mella en tu estado de ánimo y llegados a este punto empieza la trasformación.

Aprietas los puños, respiras más deprisa y cada vez que lo haces el aire resuena como si fueras un toro embravecido. Te mantienes en una alerta constante, en cualquier momento puedes vomitar algo de lo que luego quizá te arrepientas, pero, en esos momentos, todo te da igual. No eres racional. Estás completamente a la defensiva, preparado para recibir cualquier disparo, desde cualquier ángulo. Puedes atrapar la bala aunque te apuñalen por la espalda.

Todo es muy rápido, todo en caliente. Todo esto ocurre en escasos minutos. Probablemente luego te relajes, reflexiones, recapacites y te vuelvas sensato.

O, tal vez, no. 



"El juego de niños que fue ayer, torna hoy en pensamientos oscuros y confusos"

lunes, 15 de abril de 2013

Casualidad

Dejo volar mi mente, mi imaginación y me veo en otros mundos, viviendo otras vidas. ¿Qué sentido tendría ahora el retroceder y volver a permitir que el destino te vuelva a colocar en un sitio, en tu sitio? Ese que nos toca por casualidad, ese que no elegimos. En el cual nos encontramos en cuanto inspiramos por vez primera. Del que probablemente no nos movamos en algún tiempo o quizá en toda nuestra vida.

Siempre que nos paramos a pensarlo nos parece algo tan abstracto y tan lejano; tan grande, que no podemos abarcarlo. Nuestra pequeña cabecita es incapaz de hacerse, ni siquiera, una idea aproximada de lo que ocurrió en aquel instante en el que la casualidad decidió situar nuestra existencia en ese preciso paralelo.




No somos conscientes de la relevancia que ello tiene hasta que alguien te lo comenta, preguntándote: “¿Has pensado alguna vez en ello?” Tú te quedas con una expresión absurda mientras intentas asimilarlo, y te dices: “¿Por qué he nacido aquí?”

Pasado un tiempo quizá te rías y pienses qué le habré hecho yo a la diosa Fortuna para que me hiciera comenzar aquí y en ese momento mi vida; y siempre pensarás: “He tenido suerte, mucha suerte”. Incluso llegarás a plantearte el hecho de cuánta gente ha pensado en ello, pero no solo eso, sino cuánta gente no lo ha pensado nunca. Y concluirás que sería muy triste no hacerse nunca estas preguntas ni tantas otras que, seguramente, tienen respuesta, pero que aún no se la hemos encontrado.



"La vida que se pierde por vivir la propia"

jueves, 11 de abril de 2013

Cambios

¿Cómo se puede separar a alguien de tu vida sin dejar cicatrices? No puedes seguir así, pero el cambio traería la desgracia para unos y la alegría para otros; al igual que cualquier otro cambio. Al final todos son iguales.

El único problema es decidirte a darlo. Siempre hay ejemplos, parecidos, guías… que te pueden ayudar, pero que en fondo no sirven de nada. Porque cada persona es diferente y, por tanto, hay que tratarla individualmente, nunca como colectivo. Esto podría llevar al más absoluto desastre, las cosas tampoco se solucionan así.




Nos guste o no, duela o no, hay veces que hay que superar a todo y superarse en todo para llegar a donde se pretende llegar. Siempre consiguiendo o, al menos, intentando no estrellarse. No se pueden cultivar flores de papel, pues se consumirán en sí mismas al rozar el día.

Ahí están los cambios, pero ¿cuándo es el momento adecuado para realizarlos? El momento elegido también puede ser esencial para que el cambio se realice satisfactoriamente. Un solo fallo y todo se perdería. Al filo del tiempo, contando los segundos, buscando las palabras. Siempre serenas y amables, pero afiladas como cuchillos, pues se debe cortar un tallo bastante grueso. No hay que buscar excusas ni inventarse burdas mentiras. La verdad suavizada, pero la verdad por delante.

En cualquier caso, no es mejor saltarse alguna regla… quizá no debiera, pero me resulta tan complicado. Sé que debo hacerlo, pero no es fácil ni agradable. Aunque será lo mejor para todos, ya que por mi parte la situación cada día se vuelve más insostenible.




"Cuando una amistad pende de un hilo y no te queda más que cortarlo para poder continuar"

lunes, 18 de marzo de 2013

Sombras

Era una calurosa noche de verano. Deje la ventana abierta y con mi corto e inmaculado camisón me fui a dormir. Sabía que con el calor me iba a resultar de lo más difícil, pero igualmente yo lo intenté.

Mil cosas rondaban por mi cabeza. La verdad que no era el día más indicado para que hiciese calor, porque de por sí ya me hubiera costado dormirme. En algún momento, sin darme cuenta, debí dejarme caer en los brazos de Morfeo. Y, de repente, algo frío rozó mi cuello, pero no llegó a despertarme, pues no me importó; al contrario, me resultó agradable, pero entonces noté un aliento cerca de mi cara y sentí como si hubiese alguien.



Me desperté sobresaltada incorporándome y no vi a nadie en un primer momento, ya que estaba oscuro; pero al volver a mirar encontré una figura en una esquina de mi habitación junto a la ventana. Quería gritar pero no podía, igualmente esa persona se abalanzó sobre mi tapándome la boca. De esta forma puede verle el rostro gracias a la poca luz que entraba por la ventana.

Me asusté sobremanera cuando su mirada atravesó mis ojos como si pudiese mirar a través de ellos y tocó mi alma. Entonces comencé a respirar más deprisa y el sonrió mientras apartaba su mano de mi boca lentamente. En ese instante pude ver lo que momentos antes había sentido frío en mi cuello y no necesité saber más. Ahora estaba segura y ya nada podía hacer.



"Eres la perfecta melodía que me acompaña de día y me desvela de noche"

miércoles, 6 de marzo de 2013

Mi película

Pasado un tiempo decidí esclarecer el asunto y cuál fue mi sorpresa que acabe metida en una película de ciencia ficción. Todo había estado en mi imaginación, pero ahora había saltado a la gran pantalla y sería cuestión de tiempo que llegase también a los televisores de cada casa.




Aunque después de tanta presión necesitaba el máximo de distensión, así que no me importó. Cogí mis palomitas y mi refresco y me dispuse a disfrutar del espectáculo.

Parecía una buena película, trataba sobre un pájaro solitario que volaba demasiado confiado y le enjaularon. Pero el pájaro fue lo suficientemente astuto para escapar. Finalmente el volaba libre, pero ya no estaba solo.


"Cuando las cosas quieren cambiar y, aunque no sabes si van a ir a mejor, las dejas que cambien"

viernes, 1 de marzo de 2013

Con pedacitos de canción

Porque cuando se cala es difícil arrancar, siempre cuesta volver a empezar, pero yo estoy segura de ti y eso nos sobra. Hay que conseguir volver a poner en marcha este dormido corazón. Confía en mí, juntos tocaremos el cielo y al caer no nos romperemos, porque no somos de cristal, somos dos diamantes, transparentes al igual, pero invencibles.

Llevo tu voz dentro de mí, la oigo cada día al despertar y me dice: “¡Adelante, te quiero! Cómete el mundo que yo estoy contigo”. Por eso yo te digo: “No te sueltes la mano, que el viaje es infinito”. Y si estoy loca es cosa mía, pues me siento tan fuerte que pienso que nadie me puede tocar.




Nada podrá cambiar lo que siento, porque si soy lo que siento, siento que no estás, y me rallo y me entra el miedo. Pero todo eso puede cambiar a mejor, mañana, porque te quiero a ti, porque te quiero.

Cada dos minutos una eternidad, porque en la vida conocí el igual a ti, pero no me importará esperar. Me pierdo en tus ojos y siento volar mi corazón que está lleno de amor. El mundo es maravilloso desde que tú estás en él.



"Todo lo que me hace sonreír lleva tu nombre"