domingo, 20 de julio de 2014

Mad men

—¿Una aventura? Anda ya, que va. ¿Por qué habría de tenerla?

—Vamos a ver me estás diciendo que estás hasta los cojones de tu mujer… pues, ¿no sé a qué esperas? —. Y señaló con la mirada a la joven secretaria que había entrado nueva a trabajar hacía unos meses.

Francisco se dio cuenta de a lo que se refería su compañero.

—Hombre, la verdad es que está muy buena, pero no sé si…

—No te andes con gilipolleces y tirátela —le interrumpió su colega —, lo estás deseando.






Al día siguiente, ya al final de la jornada, no quedaba nadie en la oficina más que ellos dos. La ocasión se presentó sin llamarla. Rocío, así se llamaba ella, se apoyó sensualmente en el quicio de la puerta:

—¿Necesita algo más, don Francisco?

Él dudó por unos instantes en los que su miradas se aguantaban la una a la otra ardientes, pero aún guardando las formas.

—Sí, pasa y cierra la puerta.

Ella obedece mientras él se levanta de la silla, se acerca y comienza a rozarla. La toma por la cintura, se acercan. Su sexos se aproximan a través de sus ropas. Y comienza a besarla, a comérsela como fruta recién madura. Ella ofrece una mínima resistencia y acto seguido se deja hacer.

Francisco continúa besándola y recorriéndola, y con suavidad y furia la echa sobre el sofá de tela azulada del despacho. Tan solo la tenue luz de la lámpara del escritorio es testigo del acto.

Rocío sabe que está casado, pero le da igual, sabe que será su seguro de vida, su moneda de cambio.


"Barras de labios y otras formas de reconocer cuando uno ha cruzado la linde" 


miércoles, 16 de julio de 2014

Inundación

Volver a estudiarlo una y otra vez. Verter lágrimas de polvo y estrellas pensando en qué estuvo mal, en qué estuvo bien.

Albergar aún una gota de esperanza en lo más hondo del corazón. Llorar porque esa gota se escapa como agua entre los dedos.

Esperar sin saber bien qué se espera.



De nuevo la soledad, el frío. Reconstruir pedacito a pedacito el desecho orgullo. Sientes odio de que jugase contigo, de que te utilizara, de que te probase. Quisieras encontrártelo por la calle y gritarle, escupirle a la cara todas las ilusiones que te hiciste por su culpa; gracias a él.

Se entretuvo, pues le serviste como sopa de letras. Conversaciones llenas de palabras, algunas sin sentido. Diagonales que jamás llegarían a tocarse y se perdieron en el infinito.

Dolor en el pecho que se concentra hacia la izquierda, justo en el corazón. El fantasma de “lo que pudo haber sido, y no fue” te aprieta con fuerza el órgano vital que aún le pertenece para exprimirlo, dejándolo sin vida.



"Aún ando perdida entre las bambalinas de nuestra función"

domingo, 6 de julio de 2014

Estaciones

La mirada extraviada, cansada. Cuando me senté, sus ojos se posaron en mí un instante. No vi nada en ellos, estaban vacíos. Negros. Profundos como dos abismos.

Volvió a bajar la vista y se perdió en su mundo. Parecía preocupada, angustiada, confundida. Seguía con la vista fija en ella, pero no veía nada. No conseguía descifrar sus sentimientos.

Me distrajo un chico en chándal con el pelo de punta, y un hombre de edad avanzada con traje y zapatos elegantes que se sentó casi enfrente de mí, al lado de la chica.

Ella, como siempre que le afectaban los cambios que se producían en el vagón, se revolvió ligeramente en su asiento y miro de reojo al nuevo viajero. No parecía molesta, más bien por la mirada tierna que le dedicó, daba la impresión de que le hubiese recordado a alguna persona parecida a la que tuviera un especial cariño.




Me permití dejar de mirarla, porque estaba seguro de que no se iba a mover un milímetro, y me fijé en una mujer que leía cómodamente en su libro electrónico, y me puse a pensar en que haría en un mundo sin papel. Hasta que me sorprendió una chica más o menos de mi edad, bastante guapa y bien vestida que dejó resbalar su espalda por la pared en la que estaba apoyada para sentarse en el suelo con las piernas pegadas a su pecho.

Acto seguido, volví a dirigir la mirada hacia mi chica de los ojos tristes y, para mi sorpresa, ya no estaba. 

¿Cuándo se habría bajado? 

No lo sé, quizá tan solo fuera el reflejo en el cristal.



"Sentir que has llegado al límite y pedirte un poco más, porque los límites los marcas tú" 

lunes, 19 de mayo de 2014

Arma de doble filo

Frustración. Impotencia. Nada puedes hacer cuando quieres realizar mil sueños y no te permiten moverte. Si huir no es una opción, lo único que se puede pedir es que te dejen en paz dentro de tu urna de cristal.

Necesitas tiempo y espacio para poner en orden tus ideas, para encontrar la manera de salirte con la tuya. Pero no es tan fácil. Hay demasiados obstáculos obstruyendo tu camino. Tendrás que superarlos uno a uno, derribarlos uno a uno, hasta que solo quedéis tú y la llanura.




La llanura de tu libertad. Por la que podrás correr como un potro salvaje. Sin miedo a nada, sin sentir dolor, sin caer en trampas. Tan solo siendo tú mismo. En total armonía con el mundo y con la vida.

Tú serás el dueño de tus decisiones y el responsable de tus actos. Deberás ser fuerte, valiente y compasivo. Leal, sincero y amable. Nadie estará por encima de ti. Tus sentencias serán máximas y forjarás tus principios con el sudor de tu frente. Establecerás tus prioridades a partir de los hechos y buscarás el pragmatismo en cada una de tus acciones.

Hasta que un día, tarde ya para pararte los pies, perderás el rumbo y te volverás corrupto, astuto y despiadado. Cobarde, ocioso y prepotente. Tu palabra será la ley que marcará días de odio y terror y el mundo te despreciará, te dará la espalda y te quedarás solo, por no haber sabido emplear tu tan ansiada libertad.


"Cuando las luces del cielo dieron paso a las de la ciudad"


domingo, 4 de mayo de 2014

Idiomas diferentes

—¡Vale ya!, ¿no? Que es que me tienes hasta las narices. Déjame un poquito en paz, que es que estás todo el día encima de mí.

—Pero…<<Ya me gustaría que esa frase fuera literal>>.

—Pero, nada.

—…<<Dios me dan miedo sus ojos cuando se pone así, pero son tan bonitos. Es guapa hasta enfadada. Sí, quizá me haya pasado un poco esta mañana… creo que hoy no tiene un buen día>>.



—A ver, me puedes explicar por qué me odias tanto. ¿Qué te he hecho yo?

—¡¿Qué?! Yo no te odio, más bien todo lo contrario. <<Realmente me odio a mi mismo por no encontrar el valor para decirte lo que siento. ¿Que qué me has hecho? Has recompuesto mi corazón, has sabido sacarme una sonrisa siempre que estaba triste, has encontrado la manera de ser mi amiga aunque me duela que solo seamos eso, amigos. Me has hecho tantas cosas que un simple “gracias” se quedaría corto>>. Lo siento si te ha molestado, sabes que yo no quería. Gracias por soportarme todos los días —dije con una sonrisa — ¿crees que podrás soportarme un poco más?

—Bueno, si me pones esa carita.


"Porque a base de golpes y encontronazos también hay roce"


domingo, 27 de abril de 2014

Canción

Es tu boca la que me provoca
y tus labios rojos los que evocan,
a cada instante. Te vuelves más fuerte,
mientras me debilito lentamente.

No puedo soportar esta agonía
en la que no encuentro salida.
Tu mirada penetrante busca la mía,
que se derrite, no hay más vía.

Tan cerca y tan lejos. No te entiendo.
Me pierdo y ya no me encuentro.



Quisiera hallar la manera de complacerte
sin tener que enfrentarme con la muerte.
Nadie sabe de mi indecisión,
pues tú eres la única solución.

Por mil esquinas te busco cada día.
Por ti me despierto, tú eres mi guía.
Y cada vez que te veo intento,
sin éxito, expresarte lo que siento.

Tan cerca y tan lejos. No te entiendo.
Me pierdo y ya no me encuentro.


"La juventud solo implica tener menos años de vida"

jueves, 27 de marzo de 2014

Dulce mar

¡Oh, mar! Dulce mar
que difícil es llegar a ti.
Parece que disfrutas viéndome sufrir.
En mi está la sensación
de haber conseguido mi propósito,
pero ¿es este nuestro fin?

Te veré de nuevo
y recordaré los momentos buenos.
Soy yo, tú lo sabes
y me recoges con tu arrullo
y me llevas a mil lugares,
¡oh, dulce mar salada!




Consigues que tenga bellos sueños.
Tú me conoces, amante mía.
Una vez al año, tras mil plegarias,
consigo ver tu luz azulada.
Como frecuentarte más,
parece que no hay manera.

Yo tengo un sueño
y tú me esperas.


"Ella lleva mapa, yo me sirvo de una brújula"